Andrea siempre fue apasionada por los autos. Mientras sus amigas jugaban con muñecas, ella prefería desarmar y volver a armar bicicletas y, más tarde, motores. Al convertirse en mecánica automotriz, se enfrentó a la incredulidad de muchos, quienes dudaban de su capacidad por ser mujer. Hoy en día, Andrea tiene su propio taller y es respetada por su habilidad y profesionalismo. Desafió el estereotipo de que las mujeres no pueden destacar en trabajos relacionados con la mecánica o los autos.
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